Hoy cumplo años. Acabo de entrar en la tercera edad: La treintena.
Es el momento de aceptar que la barriga y la papada han venido para quedarse. No hay vuelta atrás. Efectivamente.

Ahora hago más deporte que nunca, pero no hay manera. Me golpeo contra el suelo, me doy con la raqueta, me escurro, “me esguinzo”, me muero. Efectivamente.

Ahora miro a las compañeras de trabajo como si fueran “lolitas”. Sueño con su ropa interior. Mientras me tomo el café de la mañana pasa mi Aldonza Lorenzo particular. El café está caliente, me lo bebo casi de un trago y muerdo el vaso. Efectivamente.

Debe ser que la primavera va entrando y tengo demasiados pájaros en la cabeza, ahora que el chichón va remitiendo. Efectivamente.

Parece que no pero esto de la treintena lo llevo fatal:
Parker me desespera en el paddel. No para de moverse. Se pone de pie y se vuelve a sentar (“porque a los oficios vamos a jugar”, que diría Teresa Rabal). Y yo, mientras, sudando y rodando por el suelo, me siento como esos bichitos que se enrollan cuando los tocas.

Truman me irrita con sus comentarios capciosos: “Tú lo que quieres es quitarme el puesto”. Y no para de repetirme: “¿Correcto?, ¿correcto?”. Me irrita, efectivamente.

Ricardo Lago viene a ver a todo el mundo menos a mí. Yo creo que ha venido a repartir sobres de subidas. Pues a mí, ni caso. Efectivamente.

Y para colmo ya me he sorprendido a mí mismo diciendo: “¡joder, que ya tengo treinta tacos!”. Signo evidente de que la cosa está mal. Muy mal. Efectivamente.

Ya sólo falta que Anabel me organice una fiesta sorpresa. Aunque como es el día de la mujer trabajadora, lo mismo me dice eso de la Igualdad y tal, y efectivamente, me toca prepararla a medias.

Efectivamente: Ya tengo 30, ya me toca SER JEFE.