Ayer me quedé hasta las mil, efectivamente. No quiere decir esto que currase mucho, la verdad. Pero es que entre reuniones con los de arriba y reuniones con los de abajo, se me fue alargando la tarde.
Al final acabé viendo la segunda parte del España-Grecia en el bar de al lado de la oficina. Estuve con otro director hablando de todo un poco.
Me gustó. Me lo pasé de vicio. Aprendí mucho. Fue una jornada casi diría que decisiva en mi vida.
Efectivamente decisiva.
Así que he decidido que esto de echar horas y quedarse un rato está muy bien. La sensación del guerrero que llega a casa tarde, es cuidado por su esposa y venerado hasta por los vecinos me hizo sentir un tío importante. Efectivamente.
Daba igual llevar el maletín con la revista Emprendedores, el ipod y el folleto del MediaMarkt. Pero bajarse del coche a las 23:30, y escuchar el sonido del coche cerrarse a esas horas, me hizo sentir como los gladiadores al acabar la faena: aclamado por toda la vecindad. Todos pensando: ¡cómo se lo curra este tipo! Efectivamente.
No sé, pero creo que me he enganchado.
Efectivamente.

Estupendo, Sergio. Y ya verás qué bien cuando pruebes lo de pedir pizza para comértela en la oficina a las diez de la noche con dos subordinados. Ahí es cuando de verdad se forja un equipo de trabajo.