De momento no sé con quién ver la final, efectivamente.
Hice una convocatoria el otro día, vía mail, pero no tuvo mucho éxito, efectivamente: Quería que vinieran a mi casa, fíjate, hospitalario que me he vuelto, sobre todo desde que pasé por el quirófano. Pues nada, ni por esas, ni pagando la cerveza y los canapés, efectivamente, canapés.

Ahora, la opción más realista es ir a casa de mis padres, pero es que eso no es ver el partido, efectivamente: Mi padre no para de gritar y acordarse de la madre del árbitro, mientras mi madre pone cara de resignación y no para de vaciarle el cenicero, efectivamente, no para.

Mis hermanos tampoco ayudan, porque le dicen a mi padre que se calle. Y mi padre dice que "no le sale de los cojones", y ya la tenemos montada. Luego está mi cuñada, que aunque viene se pone los cascos para escuchar la SER y se mantiene ausente a menos que España meta un gol, entonces meterá uno de sus berridos cazalleros (fuma y bebe como un director de banco).

GOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOL!

Así que no sé si verlo solo en mi casa, tranquilamente. Colgaré la bandera por el balcón y me dejaré llevar por la euforia si la cosa va bien. Efectivamente. Y si no, me acostaré a leer las memorias de Jordi Pujol para que se me vaya pasando lo de pensar que todos somos como Camacho: patriota y apasionado.

Efectivamente.