Los gemelos
Ayer, justo cuando iba a salir de casa, me di cuenta de que no llevaba los gemelos puestos. Efectivamente, puestos.
Yo sin gemelos no soy nadie, así que me quedé un buen rato buscándolos. Por el vestidor, por el salón, al lado de la play (es que a veces me pongo nervioso y me los quito mientras juego, efectivamente).
Y nada, que sin gemelos que estaba. Así que llamé a la oficina para decirles que me había surgido un imprevisto y que llegaba tarde (más tarde, quiero decir, efectivamente decir).
Para mí, los gemelos son esos objetos que distinguen a los que llevamos traje porque sabemos, podemos y queremos de los que llevan traje porque les obliga la empresa. Efectivamente empresa.
Y, sin duda, los gemelos me han ayudado mucho, efectivamente mucho, a estar donde estoy ahora.
Recuerdo cómo en mis primeras reuniones, mi jefa de equipo se los quedaba mirando de reojo y le brillaba la mirada. Y entonces yo, muy cuco, estiraba un poco más los brazos para que sobresalieran más los puños de la camisa y, en consecuencia, los gemelos.
Los gemelos son la realeza de los complementos para el hombre, muy por encima del reloj o la corbata. Efectivamente corbata.
Así que me fui al CorteInglés y me pillé unos bien bonitos y caros, efectivamente caros. Pero hay cosas que no tienen precio y que, además, van con el sueldo.
Efectivamente.


Mendigol dijo
¡Pero qué clase tienes! El que vale, vale...
16 Diciembre 2008 | 10:31 PM