Los pies colgando
Nunca lo habÃa confesado, efectivamente.
Me siento en la silla con los pies colgando. Efectivamente colgando.
Los primeros dÃas luché por adaptar la silla a mi hechura.
Primero le di a una palanquita que me tumbó para atrás y suerte que me di con la pared a una altura razonable y que mi cabeza estaba protegida por el respaldo. Pero vamos, que me caà con todo el equipo. Efectivamente.
Luego, cuando a tientas conseguà dejar el respaldo como estaba, le di a otra palanquita. Ésta me hizo bajar de golpe unos centÃmetros hasta sonar un "¡pom!" que alertó a mis compañeros colaterales, efectivamente colaterales.
Aquà sà tocaba con los pies en el suelo, pero no veÃa ni el reloj de la pantalla, efectivamente pantalla.
Me puse entonces a seguir tocando la palanca mientras intentaba frenar con el culo la súbita subida y ejercer presión con éste para que bajara otro poco. Efectivamente, poco.
Asà estuve media hora hasta que ya bajé a la arena.
Me remangué y me puse de rodillas a mirar el mecanismo desde abajo y en las distancias cortas, que es como se tienen que ver estas cosas.
Efectivamente.
Nada, no conseguà más que levantarme con la cabeza como un tomate, la voz entrecortada y darme un pequeño golpe en el cogote con el borde de la mesa cuando mi jefe se acercó a mi despacho reclamándome para una reunión de urgencia.
Efectivamente, de urgencia.
Asà que la silla ya no la toco y desde entonces, con los pies colgando.
Efectivamente colgando.

LIBERTAD VIDA Y MUERTE dijo
solo se es un buen jefe cuando se es de uno mismo, todo lo demás toca a mala parte.
14 Enero 2009 | 07:46 PM